EL COPILOTO

Decía Freud que algunas conductas nunca se entenderían si no admitimos que una parte de nuestro psiquismo permanece ajena al control consciente de nuestra voluntad. Es lo que llamó “Inconsciente”, esa insondable estructura donde habitan lo salvaje, instintivo y ancestral con lo interiorizado socialmente que ejerce de juez y censor (el Ello y el Super-Yo). Las pulsiones destructivas y de muerte han dominado a las del amor y la vida, “Tanatos” ha derrotado a “Eros”.
Sobre este telón de fondo una depresión endógena encubierta y un fracaso sentimental.
Deseas un suicidio espectacular y, en un brote de locura, estrellas un avión con 149 personas dentro contra una montaña, llenando de dolor a centenares de familias.

 

2 pensamientos en “EL COPILOTO”

  1. Magnífico comentario,David,me parece bien lo que dices y cómo lo dices(a ver si te animas con otros temas).No busques una causa que justifique o explique estas acciones en el ámbito de la cordura;es inútil porque pertenecen al mundo de la patología,de la locura.

  2. Que acción tan atroz e inhumana la que llevó a cabo Andreas Lubitz. En una de las últimas noticias que se han conocido sobre su vida se ha revelado que Andreas se autodenominada “Skydevil” -Diablo del cielo- para acceder a su tableta electrónica personal, además de que estuvo buscando información acerca de sus problemas de salud y de las distintas formas de suicidio a las que podía recurrir. Quizás el mote que él mismo se imponía no tenga nada que ver con lo que hizo pero, sin duda, sus búsquedas en internet tenían una mala intención.
    Finalmente, decidió culminar sus pensamientos de la manera que, desgraciadamente, ya todos conocemos. Tras el análisis de la primera caja negra se conoció que Lubitz no alteró su respiración en ningún momento mientras se encontraba al mando del Airbus A320, ni siquiera en los segundos previos al impacto del avión. ¿Qué clase de mente perversa es capaz de realizar un acto de tal magnitud manteniendo totalmente la calma en todo momento? ¿Un amante de la aviación frustrado por su posible fracaso como piloto debido a sus problemas médicos? Ni los golpes y gritos desesperados de su compañero -el piloto, Patrick Sondenheimer- y de las otras 148 personas que iban a bordo fueron capaces de perturbarlo. La razón de que haya personas capaces de llevar a cabo acciones tan sanguinarias es completamente inexplicable para cualquier persona medianamente cuerda.

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