LOS MÁS CULPABLES

 

Supongo que el único pensamiento o sentimiento común que provoca en nosotros la tragicomedia catalana es que todos queremos librarnos de ella; al menos de esta fase aguda que llevamos padeciendo los últimos años.

Se ha hablado mucho de los personajes intervinientes: los iluminados, los vividores o los ladrones que la iniciaron. Pero se echa en falta a quienes alimentan y sostienen la farsa: los cientos de miles de catalanes que secundan sus movimientos, acuden a convocatorias y se dejan tomar el pelo porque prefieren vivir en el engaño ilusorio.

Si estas gentes cobraran conciencia del papel que les han asignado y se rebelaran contra quienes los manipulan, el tinglado se desmoronaba y todos viviríamos más tranquilos, sobre todo ellos.

 

 

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